Experiencia de una paciente con cáncer de mama: “Aprendí que la vida se vive un día a la vez”

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Recibir un diagnóstico de cáncer cambia la vida en cuestión de segundos. El miedo, la incertidumbre y las preguntas sobre el futuro suelen ser las primeras emociones que aparecen. Sin embargo, cada historia también puede convertirse en un camino de fortaleza, aprendizaje y esperanza.

Compartimos el testimonio de Ivonne Natalia Galindo Serrato, paciente de Oncolife que decidió abrir su corazón para contar cómo ha vivido su proceso frente al cáncer de mama y el apoyo que ha encontrado durante su tratamiento.

Porque en Oncolife creemos que cuidar la vida también significa escuchar, acompañar y recordar a cada paciente que nunca está solo.

Ivonne Natalia Galindo Serrato, sobreviviente de cáncer de seno

“Un día a la vez”

Cuando escuché la palabra cáncer, lo primero que pensé fue: “Me voy a morir”. Mi mente no estaba en mí, sino en mis dos hijos, que en ese momento tenían apenas 3 y 13 años. Sentí que tendrían que crecer sin su mamá, tal como me ocurrió a mí.

Con el tiempo entendí que el diagnóstico era apenas el comienzo de un camino difícil. El mayor desafío no fue únicamente soportar los efectos físicos de la quimioterapia, sino convencer a mi mente, cada día, de que no podía dejarse vencer por el cuerpo. Hubo momentos que marcaron profundamente mi proceso, como el día en que mi esposo me rapó. Fue entonces cuando comprendí que mi realidad había cambiado.

En medio de esa incertidumbre encontré personas que hicieron más llevadero el camino. Recuerdo mi primera consulta con el doctor Iván Fortich, quien, al notar que no lograba comprender todo lo que estaba ocurriendo, volvió a explicarme cada paso con paciencia y una sonrisa que transmitía tranquilidad.

Después conocí a la doctora Carolina Castillo, mi mastóloga. Me habló con claridad sobre los cambios físicos que vendrían, pero hubo una frase que aún llevo en el corazón: “Vas a volver a florecer.”

Mi oncóloga, la doctora Claudia Cifuentes, también dejó una huella imborrable cuando tomó mi mano y me dijo: “Mi niña, vamos con toda.”

Y cómo olvidar mi primera quimioterapia. Mis piernas temblaban de miedo. Sin embargo, el equipo de la sala me recibió con una calidez que nunca olvidaré. Wilmer me explicó con paciencia lo que sentiría después del tratamiento y, antes de comenzar, me dijo: “Confiando en Dios, vamos a salir adelante.”

Hoy, si alguien acaba de recibir un diagnóstico como el mío, quisiera decirle que todo pasa. El camino puede ser largo y difícil, pero también está lleno de personas que caminan contigo. Que Dios nunca nos suelta, que el amor sostiene incluso en los momentos más duros y que, al final del tratamiento, siempre hay esperanza de alcanzar la victoria.

En los días difíciles encuentro fuerza en la oración, en el amor de mi familia y en la posibilidad de disfrutar las pequeñas cosas. Este proceso me enseñó la lección más importante de mi vida: vivir un día a la vez.

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